Lorena Alvarez: Detrás del Éxito y la Belleza de Nightlights

Como cada mes, te traigo una entrevista con el objetivo de nutrirnos e inspirarnos con la historia y la experiencia profesional del artista invitado, pero esta vez va a ser un poco diferente: hemos variado el formato y, como vas a comprobar ya mismo, va a valer la pena.

Ya lo has leído en el título, pero no puedo evitar expresar mi emoción al anunciar que he tenido la oportunidad de entrevistar a una de mis grandes referentes: Lorena Alvarez, creadora de Nightlights, una obra reconocida a nivel internacional.

Nightlights, escrito e ilustrado por Lorena Alvarez.

No se puede negar la belleza de este proyecto; es más, fue doblemente nominado a los premios Eisner de 2018: a la categoría de Mejor autor/a completo/a y a la categoría de Mejor publicación infantil.

Pero ¿Qué hay detrás de una obra que ha cautivado al público de semejante manera? 

Lógicamente, trabajo duro, eso ya te lo aseguro.

Igualmente, estoy convencida de que tú, igual yo, quieres conocer todos los detalles. Por este motivo, le propuse a Lorena dedicar gran parte de esta entrevista a profundizar y analizar el proceso de creación de Nightlights: desde cómo surgió la idea hasta cómo fue enfrentando cada una de las fases y desafíos que fueron apareciendo.

No obstante, antes de pasar a las preguntas, déjame contarte, brevemente, alguna cosa más de nuestra invitada:

Lorena es una ilustradora y artista nacida en Bogotá, Colombia, en 1983. Desde siempre, tuvo una inclinación por el dibujo, lo que la llevó a graduarse en Diseño Gráfico y Arte en la Universidad Nacional de Colombia. Su trayectoria artística la ha impulsado a participar en diversos proyectos y disciplinas, abarcando la ilustración de cuentos infantiles, colaboraciones en publicaciones independientes, trabajos publicitarios y contribuciones a revistas de moda. Además, su curiosidad artística la ha llevado a experimentar en la creación de títeres.

Y ahora sí, empieza la entrevista.

Entrevista: Lorena Alvarez

Antes de empezar a preguntarte por Nightlights, me gustaría hablar brevemente de lo que le precede para entender cuál era tu experiencia en ese momento.

Estudiaste Diseño Gráfico y Artes allí, en Colombia. ¿Sabías que querías dedicarte a la ilustración o eso vino después?

No. Aunque siempre quise dibujar, no tenía mucha información ni sobre artes ni sobre diseño. Entonces, ya, en el último año de bachillerato, nos empezaron a preguntar sobre lo que queríamos estudiar y sobre nuestro futuro. Ahí empecé a prestar más atención.

Estaba entre artes plásticas y diseño. Me decanté por lo segundo considerando que es una especialidad más cercana a la animación, que es lo que me gustaba. Yo quería trabajar en Disney. Tampoco tenía mucha idea de lo que implicaba, pero llamaron mi atención las clases de dibujo anatómico, fotografía y otras asignaturas que eran más cercanas a mí que aquellas que encontré en el pénsum de artes gráficas.

Y cuando acabas la carrera, ¿cómo es tu paso de ser estudiante a ya empezar a trabajar como ilustradora? ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos?

Yo empecé ilustrando para libros de texto. Es bastante monótono, pero aprendí a trabajar con editores: a adaptar mi trabajo al formato editorial y a interpretar y seguir las indicaciones de los clientes, entre otras cosas. Creo que eso me ayudó mucho a asentar las bases para trabajar, más tarde, con autores y, luego, convertirme yo misma en autora integral.

Entonces, sí, al principio era un poco aburrido. Ilustraba, por ejemplo, libros de matemáticas donde tienes que dibujar 10 flores, 10 niños, etc.

Todo empezó a cambiar poco a poco cuando me escribió Tú, una revista que se distribuye por toda Latinoamérica. Es de Televisa, en México, está dirigida a chicas; muy femenina, con flores, rosadita, etc. Fue una muy buena escuela para mí porque aprendí muchísimo trabajando con ellos.

¿Y cómo aplicaste a esos trabajos? ¿Tú tenías un portafolio y lo enviabas?

Por una parte, sí. Les mostraba mi portafolio gigante. Claro, yo llevo trabajando casi 20 años. Entonces, pertenezco a la época en la que el portafolio era aún una carpeta llena de papeles.

Al mismo tiempo, también tenía una cuenta en DeviantArt y en Flickr. Mostrando mi trabajo de una u otra forma fue como obtuve esos primeros trabajos.

Vale. Entonces, por lo que veo, tras los estudios, tu carrera laboral, desde un inicio, ha estado centrada en la ilustración. Quiero decir, no has tenido idas y venidas, sino que siempre te has focalizado en todo lo relacionado con la ilustración y la creatividad.

Sí, exacto.

Ok. Dicho esto, paso ya a preguntarte por Nightlights. Mi primera duda tiene que ver con su origen. ¿De dónde surge el proyecto? ¿Fue algo que te pidieron o un proyecto personal que luego fue a más?

Yo siempre quise escribir cómic, pero por mucho tiempo pensé que no tenía las habilidades para convertirme en historietista. Sin embargo, estaba un poco cansada de trabajar solamente como ilustradora. Me estaban llegando proyectos muy parecidos entre sí y quería probar otras cosas. Decidí, entonces, apostar por mis propias historias y narrarlas en historietas.

Nightlights, de hecho, es un reflejo de todo eso: una reflexión sobre las tensiones que surgen cuando el dibujo se convierte en mi trabajo, mientras busco, al mismo tiempo, conservar mi voz propia.

Perdona la interrupción. ¿Cuándo empezaste a trabajar en Nightlights seguías en la revista y con proyectos de libros de texto en marcha o hay algún capítulo entre medias que me he saltado?

Lo de la revista y los libros de texto quedó un poco más atrás. Para ese momento, ya llevaba un tiempo ilustrando cuentos infantiles.

¡Ah! Vale. Perdona, te dejo continuar.

No pasa nada, ¡tranquila!

Entonces, junto con Luces Nocturnas, terminé otras cuatro historias. Eran muy muy cortitas y las presenté a Nobrow, que fue la editorial que conocí mientras vivía en Arkansas. Había una biblioteca muy chévere donde encontré sus publicaciones. Me gustaban mucho sus libros. Entonces, busqué la página de Nobrow y vi que tenían la convocatoria abierta.

Cumplí los requisitos que pedían: escribí una carta de presentación, les mostré mi portafolio y lo que quería hacer.

Mi propuesta, en un principio, era hacer un libro con tres historias cortas. Así lo presenté. Un tiempo después me respondieron diciéndome que les gustaba mucho mi proyecto, pero que les gustaría que cada una de esas historias cortas de 6 páginas las convirtiera en un libro de gran formato de alrededor de 64 páginas.

¡Ala!

¡Sí! Fue un susto porque nunca había hecho algo así. Yo estaba empezando a hacer historietas muy cortas, así que para mí era todo un reto crear un cómic largo.

¿Te dieron algunas pautas? ¿Ellos conocían de dónde partías tú?

Sí. Igualmente, también creo que fue una apuesta por parte de ellos, ya que yo estaba mostrando un proyecto muy pequeño. Además, en mi portafolio se apreciaba que yo, sobre todo, era una ilustradora con experiencia en libros infantiles.

Entonces, como editores, me acompañaron mucho, sobre todo con el primer libro, a la hora de estructurarlo. Aprendí muchas cosas nuevas con ellos.

Ibas aprendiendo a la vez que avanzabas en el proyecto.

Me acuerdo del día que vi en tus redes sociales una imagen de cómo organizabas todo el storyboard en tu pared como si fuera un puzzle. Yo estaba en un nivel más bajo que ahora, evidentemente: empezando a escribir mi cuento. Recuerdo que me encantó y me inspiró mucho ver ese proceso. Pensé “¡esta sí que sabe!”. Es curioso enterarse ahora de que ahí tú también estabas haciendo algo nuevo: aprendiendo y descubriendo una manera de trabajar.  

Por otro lado, también te quiero preguntar sobre aquello que te inspiró ¡a escribir mi historia! jaja. Esto ya te lo dije, pero recuerdo ver y leer Luces Nocturnas y alucinar porque aparece una niña que va a un cole católico y que le encanta dibujar. ¡Vamos, que era yo! Inmediatamente pensé que debía ser autobiográfico, que esa tal Lorena, autora del libro, allá en Colombia, vivió experiencias muy parecidas a las mías. Para mí, fue muy emotivo descubrir Nightlights.

¿Es así? ¿Sandy eres un poco tú?

Sí, hay mucho de mí en ella. En el libro hablo de mi propia experiencia en un colegio de monjas de solo niñas: de las aspiraciones que tenía entonces, que ya quería ser artista. Me sentía muy desubicada allí, no me hallaba.

Es curioso porque, en un principio, mis historias no contaban con ese lado autobiográfico. Tampoco tenían un solo personaje, sino que eran personajes distintos, de contextos distintos.

Incorporar mi historia en el colegio, mis experiencias como niña, le dieron carne al personaje, el cual ahora es parte tanto de los dos libros ya publicados como del que estoy trabajando ahorita.

¿Cómo se decidió o surgió la idea de incluir esa parte autobiográfica al relato? ¿Lo planteaste tú o la editorial? 

En aquella época, cuando presenté el proyecto y lo aprobaron, paralelamente, estaba trabajando con una maestra, amiga mía, en un proyecto sobre mujeres que habían ido a colegios femeninos de monjas. Entonces, hicimos un taller, y conocí a otras chicas que también fueron estudiantes de ese tipo de instituciones. Compartimos nuestras experiencias y fue ahí cuando pensé que tenía algo que contar.

Mi experiencia, como dije, le daría carne al personaje, pero, además, podría sostener las otras historias que estaba escribiendo.

Al poco, comprobé que todo encajaba muy bien.

Totalmente. Y, en ese proceso de barajar conceptos y elegir los que mejor encajen, ¿cómo trabajas tú? ¿Escribes esas ideas en algún cuaderno o las registras de alguna manera? ¿Escribes y después dibujas o viceversa?

Pues esa fue parte de mi aprendizaje en cuanto a narración gráfica. Obviamente, me puse a leer a Scott McCloud, Will Eisner y todos aquellos escritores que sentaron las bases de cómo enseñar narración gráfica a otras personas que querían hacer cómic. También encontré a escritoras como Maliki, Alison Bechdel y Power Paola, que me inspiraron a incluir una parte autobiográfica en mi obra.

También, empecé a desarrollar mis propios métodos. Lo de pegar las páginas en la pared me ayudó a previsualizar el ritmo de la historia. No escribí guión, por ejemplo. Mi cabeza no funciona de esa manera, simplemente. Todo lo que pienso me toca dibujarlo.

 ¡Anda! Qué curioso y qué guay conocer este dato.

Claro. Para mí fue mucho más fácil construir, directamente, las páginas y corregirlas una y otra vez hasta llegar a la versión con la que yo estuviera más contenta.

Ahora, por ejemplo, estoy prestando más atención a los diálogos porque, a veces, siento que los descuido, precisamente, por mi manera de trabajar desde lo visual. Entonces, estoy tratando de encontrar un equilibrio. No me refiero a, de repente, escribir guiones, sino, más bien, a realizar esquemas gráficos de las historias tratando de resumirlas. Recurro también a cosas que aprendí en el colegio, como aquellos mapas conceptuales que te enseñaban para encontrar soluciones.

Me encanta. Y, desde que tuviste la primera idea hasta que se publicó, ¿cuánto tiempo pasó?

Pasó mucho tiempo. Como te contaba, yo estaba viviendo en Arkansas cuando encontré la editorial y les contacté. Entonces, ya tenía la primera idea chiquita de Nightlights. Eso fue en 2013 y el libro no fue publicado hasta finales del 2016.

Bueno, mucho tiempo… ¡Es un pedazo de libro, eh! Qué menos, ¿no?

Hahaha. Claro, es verdad que lo hice yo todo: lo escribí, lo entinté, lo coloreé…. Una de las cosas que creo que debo aprender es a delegar un poco.

Claro, por eso te lo decía. Puede parecer, en principio, mucho tiempo, pero, si ves y aprecias el resultado con todos sus detalles, te das cuenta de que es un libro que lleva mucho trabajo.

¿Y qué técnicas usaste tanto para los bocetos como para los artes finales?

Para bocetación y dibujo, método tradicional. Uso lápices azules y rojos, me gusta mucho trabajar con ellos.

¡Ay, eso también lo aprendí de ti! Vi tus publicaciones en IG con algunos de tus bocetos, probé y, desde entonces, todos mis bocetos ¡son rojos! Cuéntanos por qué eliges esos colores.

Qué pena que no me acuerdo a qué artista se lo vi yo. Decía que le gustaba usar los lápices de color azul y rojo porque no producían tanta mugre. Después comprobé que sí, que funcionan muy bien para dibujar. Incluso ahora, que a veces tengo que bocetar digitalmente, uso rojo y azul.

Entonces, como te decía, esa primera parte de investigación, de pensar, organizar y bocetar fue a mano. Para mí es más fácil hacerlo así.

Después, la parte del coloreado ya la trabajé en digital.

 ¿Utilizas Photoshop, Procreate u otro programa?

Ahora, Photoshop lo uso para corrección de color, pero las ilustraciones las hago con Procreate.

Entonces, entiendo que tampoco utilizas muchas capas cuando haces tus ilustraciones, ¿no?

Exacto, procuro no hacerlo. Sí que tenía la manía de utilizar muchas capas al principio, pero, conforme he ido ganando seguridad, he tratado de ir limitando la cantidad. Antes mis archivos eran gigantes. Ahora trabajo con cuatro o cinco capas, como mucho.

Otra cosa por la que quería preguntarte es por las criaturas y la vegetación presentes en tus obras. ¿De dónde salen? ¿En qué o quién está inspirado?

Me gusta mucho la biología. Siempre estoy buscando imágenes de hongos, de plantas raras y de animalitos marinos microscópicos, imágenes que no vemos cotidianamente. Muchas de las criaturas que dibujo están inspiradas en ello.

Por otro lado, también me gusta todo lo relacionado con lo extraterrestre y los monstruos. Me gusta combinar partes de una cosa y de otra para crear personajes y criaturas originales.  

Me encanta la vegetación y las criaturas que aparecen en tus libros. Sí que es verdad que se nota que son elementos que te gusta dibujar. Se aprecia que, en el proceso de diseñarlos, fluyes y te dejas llevar por la creatividad.

Llegadas a este punto, quería preguntarte o más bien, pedirte un consejo para aquellos que tienen una pequeña idea y quieren darle forma para crear una obra, un primer tip para, partiendo de esa primera chispa de inspiración, poder avanzar con éxito.

Yo acompaño mis ideas con mucha investigación. Trato de reflexionar y definir los temas que voy a tratar. Me pregunto qué cosas me interesa dibujar y sobre qué quiero hablar realmente. Teniendo eso claro, empiezo a buscar otros textos, películas y autores que hacen cosas distintas a mí. Por ejemplo, trato de leer filosofía y ciencia ficción, pienso que aportan distintos puntos de vista.

Por otro lado, aunque es un proceso largo, a mí me funcionó desarrollar un método propio de trabajo.

Esto que te cuento de dibujar y, al mismo tiempo, pensar en el texto, al principio es algo caótico, todo se presenta desestructurado. Creo que es bien difícil aceptar que no estás produciendo páginas acabadas a la primera, sino un montón de imágenes inconexas. Encima, el proceso de organizarlas para que tengan sentido es complicado. Sin embargo, también he de decir que ese trabajo, precisamente, me parece muy chévere.

Igualmente, como te decía, a mí me funciona lo de pegar las páginas en la pared y hacer mapas conceptuales, así como tratar de escribir lo que dibujo y de dibujar lo que escribo al mismo tiempo. Sin embargo, entiendo que, esto mismo, a otra persona pueda no funcionarle. Se trata de probar hasta dar con aquello que se adapte mejor a ti.

Me gusta mucho eso que dices sobre aceptar que, al principio, todo es caótico. Me recuerda a mis primeros días en Bellas Artes. Yo venía de dibujar mucho en el instituto, sí, pero mi técnica para hacer bocetos estaba muy en pañales. En la universidad, una de las primeras cosas que aprendí – y me hizo mejorar como dibujante – es comprender que los bocetos no tienen porque verse bien ni mínimamente acabados. Esa predisposición a aceptar que el inicio de un proyecto es, por definición, muy imperfecto, creo que se puede aplicar a todo y que te hace trabajar desde otra perspectiva, una mucho más creativa, libre, práctica y efectiva.

Por otro lado, quería preguntarte por tus paletas de color. En Nightlights, se aprecia que para el mundo real utilizas unos colores más apagados y, sin embargo, para el mundo de fantasía, en la paleta, incluyes colores más brillantes y saturados que contrastan con la oscuridad. Entiendo que es algo hecho de manera consciente, es decir, un recurso narrativo pensado y ejecutado, pero quiero que me cuentes tú ¿Qué hay detrás de los colores elegidos para Nightlights?

Sí, y es algo que trato de estructurar cada vez mejor en cada proyecto, en cada cómic.

Tal y como dices, a propósito, elegí paletas de color diferentes para, por un lado, el mundo real y, por otro, el mundo fantástico de Sandy.

Sin embargo, ahora que estoy tratando de trabajar otros temas y otra forma de estructurar las historias, quiero pensar el color de una manera aún más consciente. Me estoy inspirando mucho, como antes te decía, en imágenes microscópicas y me gustaría trabajar paletas con colores más artificiales.

He de decir que el proceso de encontrar la paleta de color es una de las partes que más disfruto.

De la misma manera, el desarrollo de los personajes también es otro aspecto que quiero ir perfeccionando siendo un poco más consciente del proceso.

Pues, precisamente, el diseño de tus personajes y las paletas de color son dos aspectos que me mantienen totalmente enganchada y fan absoluta de tu trabajo. Me parece que los abordas con un estilo propio, reconocible y que consigues resultados muy bonitos y gustosos de ver.

Siguiendo en la línea de hablar sobre cómo resuelves los artes finales, paso a preguntarte por el tema pinceles: ¿usas muchos y muy diferentes o tienes unos poquitos y con eso es suficiente? 

Lo segundo. Se me viene ahorita a la mente que suelo trabajar con cuatro o cinco.

Perfecto. Hablemos ahora de obstáculos: ¿Algún curiosidad o desafío en esa última fase, algo que dijeras “Dios mío, a ver qué hago ahora”? 

Para mí, el monstruo o el desafío es plantear el final de las historias. Me resulta complicado darle un buen final a los relatos. De hecho, en el primer libro se nota mucho que peleé con ello.

No me da pena admitirlo porque es parte del proceso. Me parece chévere que en el mismo final se note esa indecisión. Pensé en dejar vivo al monstruo en alguna parte porque también es parte del mensaje que quería transmitir con la historia. Ese tipo de problemas, el conflicto del ego artístico y la necesidad de aprobación, no desaparecen.

Igualmente, como decía, admito la torpeza o la dificultad a la hora de escribir el final.

Por otro lado, también surgieron esas comparaciones con otros autores más experimentados y que, quizás, te hacen cuestionarte a ti misma. Yo, por ejemplo, aún me siento en proceso de convertirme en autora. Noto que me quedan muchas cosas por aprender y siento que autores que tienen más experiencia resuelven los problemas narrativos con más facilidad; o, por lo menos, lo parece.

Claro, eso te iba a decir. Quizás es solo una impresión.

Lo que admiro, sobre todo, es cómo resuelven los conflictos de los personajes y les dan un final verosímil e ingenioso a la vez.

Entiendo. Creo que esa sensación de que nos quedan cosas por aprender, en realidad, nunca se va, lo cual creo que es bueno. Igualmente, entiendo lo que dices.

Cuando buscaba el final del cuento del que soy autora integral sentí mucha responsabilidad. En cierta manera, sabes que la gente lee las historias y, de una u otra manera, se sienten identificadas, empatizan con el personaje y esperan un final que les dé una solución o una señal de que todo va a ir bien, ¿no?

¡Claro! Y eso se vuelve aún más fuerte cuando tu trabajo va dirigido a público infantil o juvenil, porque hay una necesidad de los adultos de mostrarles soluciones o lecciones a los niños cuando, en realidad, no tiene por qué ser así siempre.

Exacto. Pues déjame decirte que cuando leí tu libro sí que me chocó el final, en el sentido de que no era un final cerrado sino abierto, pero, precisamente, eso me gustó y me dejó pensando. No lo vi como algo negativo o criticable.

La siguiente pregunta que tenía preparada iba sobre los bloqueos, pero, si te das cuenta, ya estamos hablando de ello. Intuyo que trabajar en el final de la historia te llevó a vivir momentos de bloqueo, pero a la vista está que los superaste. ¿Qué hiciste? ¿Cuáles son tus trucos o tus rutinas cuando las cosas parecen no salir?

Al principio, creo que no los manejaba muy bien. Era frustrante.

Claro, es que, en tu caso, estabas enfrentando muchas cosas nuevas y un proyecto muy grande de repente. A correr en círculos y las manos arriba como hemos hecho todos alguna vez, ¿no?

¡Sí, un poco sí! Quizás no de manera física, pero sí mental. La frustración me llevaba a obsesionarme.

Ahora, trato primero de aceptar que los bloqueos son algo natural. Pienso en otras cosas, vuelvo al principio, garabateo. En realidad, las herramientas para superar un bloqueo son cosas sencillas que tenemos muy a mano.

Obviamente, si la cosa está muy complicada, salgo, me distraigo, hablo con alguien,… A mí me ayudaba mucho mostrarle mis proyectos a mis amigos. Aunque se tratara de bocetos y trazos que no se entendían muy bien, lo leían, hacían preguntas que no esperaba y me daban ideas muy honestas. Para mí eso fue muy importante.

Claro. Al final, somos seres sociales, necesitamos esa retroalimentación.

Llegadas a este punto, ya te he hecho todas las preguntas que tenía preparadas excepto una. Hemos hablado de la parte de conceptualización de Nightlights, así como de la fase del boceto y el arte final: las técnicas, las herramientas y las paletas de color. También hemos tratado el tema del síndrome del impostor y los bloqueos.

Entonces, para acabar, como esta entrevista la leerán muchas personas que se están iniciando en la profesión de la ilustración, te pregunto por consejos y lecciones que hayas aprendido a lo largo de tu carrera como ilustradora: ¿Qué le dirías a alguien que está empezando?

A mí lo que siempre me ha servido es estar dispuesta a aprender cosas nuevas, y no solo de ilustración, sino de otras profesiones.

Sí, ¡ultra importante la formación complementaria!

Sí, siento que me ha ayudado mucho estar predispuesta a aprender de amigos que se dedican a otras cosas bien distintas.

Por otro lado, también me parece fundamental aprender a organizar tu tiempo. No es que yo ya sea experta en ello, pero es un aspecto que trato de mejorar; es importante para saber qué proyectos aceptar y no sobrecargarse. Hay que saber decir que no y dejar de lado el afán de hacer y demostrar a los demás sin parar. A mí me ha ayudado mucho ser paciente con los procesos y no presionarme con tener que mostrar y demostrar todo enseguida.

En este mismo sentido, creo que soy afortunada de haber vivido en un tiempo en el que no se producía tanto. Es cierto que el momento actual tiene sus ventajas. Sin embargo, me parece positivo haber tenido la experiencia de haber vivido en una época en la que uno no sentía la obligación de estar publicando en Instagram o luchar por tener audiencia para conseguir nuevas colaboraciones o proyectos. Ahí aprendí que uno puede dibujar para uno mismo, hacer incluso cosas feas.

Yo, por ejemplo, aprendí algo de cerámica y mis cerámicas son feitas, pero disfruto mucho haciéndolas. Es bueno para mí y para mi creatividad.

No todo tiene que ser perfecto, no todo tiene que pasar ya. La paciencia es muy importante ¡Y es algo que debo repetirme todo el tiempo!

¡Qué importante eso que dices! Sí, el tema de las redes sociales ya se sabe, tiene sus cosas buenas, pero también puede ser muy contraproducente. Lo que suele decirse: en las redes sociales, la mayoría de las veces no se muestran esas cosas feas, sino las acabadas y bonitas, y eso puede derivar en comparaciones y bajones de autoestima.

Claro, una cosa es saberte esa teoría, y otra es poner en práctica cómo gestionarlo adecuadamente.

Yo, por ejemplo, siempre he tratado de mantener una filosofía de manera consciente que me permitiera que las redes sociales y sus algoritmos no me quitaran el sueño. Además, siempre he estado trabajando, no he parado. He subido cuando me ha apetecido y cuando he podido, claro.

Sin embargo, ahora con la revista, sí que estoy más en la obligación de subir material si quiero llegar a la audiencia. Por cómo se han ido dando las cosas hasta hace poco: por la cantidad de proyectos en paralelo y la maternidad, el ritmo al que he podido avanzar ha sido el que ha sido y había que aceptarlo. En este sentido, sí que es verdad que, como tú dices, haber vivido una época en la que todo esto era muy diferente instaló en mí algo, no sé el qué, que me ayuda a parar y conseguir esa paciencia de la que hablas. Después del 1, el 2, y después del 2, el 3.

De hecho, imagino que para ti ha sido más de lo mismo. Independientemente de si has subido más o menos cosas, del tiempo que hayas tenido para hacerlo, por lo que me has contado, se sabe que no has parado de trabajar, ¿no?

¡Claro! No, no he parado de trabajar. Y, bueno, esos serían los consejos que yo daría, junto con experimentar distintas cosas y materiales. Para mí son cosas que me han ayudado mucho en mi carrera.

Pues me parece perfecto. Son consejos buenísimos: apostar por la formación complementaria, aprender a organizar tu tiempo, reservar ratos para dibujar para ti mismo, cosas feas si hace falta, sin presionarte en tener que demostrar nada a los demás vía redes sociales. Y, para acabar, experimentar con materiales y cosas nuevas.

Dicho esto, ¡ya te he hecho todas las preguntas! Ha sido un placer tenerte aquí y, bueno, ya lo sabes, pero para mí eres un gran referente y he aprendido mucho contigo, así que ¡gracias por esta charla y por todo!

¡Gracias a ti! Ha sido un placer.

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