Núria Aparicio: desde la Animación a la Literatura Infantil y los Tatuajes.

No recuerdo exactamente desde cuándo sigo a @lapendeja, pero ya hace unos cuantos añitos. Siempre he alucinado con su trabajo, así que cuando aceptó la propuesta de entrevistarla en Ilustra WooP, no me pudo hacer más ilusión. Hablé con ella muy al principio de este proyecto y, desde entonces, tenía unas ganas enormes de que llegara este momento.

Es la entrevista más larga que se ha publicado hasta la fecha, pero es que os prometo que no había manera de detener esa conversación: literalmente fuimos dos amigas en su salsa, en su tema, con muchas ganas de hablar. Solo nos faltó la cervecita.

Su esfuerzo y su constancia, su trayectoria en general, y la cantidad de información valiosa que ha compartido con nosotros, hacen que esta entrevista sea una auténtica fantasía.

Por cierto, os recomiendo mucho que vayáis a su cuenta de tattos porque es una maravilla lo que hace: @lapendeja.tattoo

Y ahora sí, dejo paso a la entrevista para que leáis a Núria y descubráis de dónde proviene tanto talento.

Entrevista: Núria Aparicio

Para ponernos un poco en contexto, preséntate brevemente. ¿Quién es Núria Aparicio, La Pendeja? 

Bueno, pues soy Núria Aparicio, en redes sociales La Pendeja. Soy ilustradora infantil, ex animadora 2D y diseñadora de personajes. Además, últimamente he hecho una pequeña incursión en el mundo del cómic y he empezado a adentrarme en el tema de los tatuajes.

Sobre tu infancia, cuéntanos un poco, ¿cómo era tu relación con el dibujo, te gustaba especialmente o te diste cuenta más tarde? 

Sí, me pasa lo típico que leo en otras entrevistas de ilustradores. Yo dibujaba mucho en clase. De hecho, alguna vez me gané alguna que otra bronca de los profes por estar dibujando cuando no debía o en el sitio que no debía.

¿Había alguien en tu entorno involucrado en el mundo del arte o la creatividad? ¿Alguien en que pudieras tomar como referente?

No, no conocía a nadie. Mi abuelo tenía alma de artista pero no era su profesión y yo no sabía que podía enfocar mi carrera profesional en esto. Vas estudiando otras cosas y, bueno, la cabra tira al monte. Y al final, mira, he acabado dibujando.

¿Tus padres y tu entorno en general te apoyaban en esto?, quiero decir, ¿te animaban a seguir por ese camino?

Sí, todo el mundo. Incluso yo recuerdo mamás de compañeras de clase animándome a que me convirtiera en dibujante o en ilustradora. Lo que pasaba es que yo no tenía claro que eso fuera un trabajo serio.

No sabía que existía la profesión de ilustrador/a. No sabía que se podía vivir exclusivamente de eso.

En mi casa me apoyaron, por ejemplo, cuando empecé a hacer los módulos. Sin embargo, sí que es verdad que cuando tuve que elegir el bachillerato y comenté en casa la posibilidad de hacer el artístico, a mi padre no le convenció del todo. Me acuerdo que me dijo “pero a ver, ¿y eso qué es?¿Vas a acabar en Las Ramblas dibujando caricaturas?”. A mi las caricaturas nunca me han gustado y soy muy friolera, no me veía viviendo de eso en un futuro.

Sí, al parecer es muy común entre los ilustradores haber vivido durante años sin saber que la ilustración es una profesión. 

Entonces, si no estudiaste el bachillerato artístico, ¿qué estudiaste o qué hiciste?

Hice el bachillerato de ciencias sociales y, cuando acabé, no quería ir a la universidad porque no había nada que me llamara la atención. Es más, la única carrera que me interesó fue la de comunicación audiovisual, pero pedían una nota de corte demasiado alta, 9 con 8 en aquel entonces, por lo que tampoco fue una opción.

Mi tutora que sí veía que lo mío era la creatividad, me recomendó hacer algún módulo de producción de TV, Cine o cosas de ese estilo. Entonces, me apunté a un módulo de grado superior de producción. En realidad, quería hacer realización, que me parecía más artístico, pero no quedaban plazas. Pensé que quizás no sería tan diferente, pero sí. 

Hice el módulo y, dado que me habían gustado bastante las prácticas en la radio, pensé que podría centrarme en la producción de radio.

Sin embargo, cuando terminé este módulo, una chica con la que estudiaba vio un anuncio en uno de esos periódicos gratuitos que repartían en el metro acerca de un módulo de ilustración y animación audiovisual. Ella sabía que yo dibujaba porque, a todo esto, en el módulo yo seguí dibujando en las agendas de mis compañeros.

El módulo era público, dos años enteros para estar dibujando, así que allí me fui.

El nivel de enseñanza era muy básico, pero sí que me sirvió para querer saber más y  darme cuenta de que se podía vivir del diseño, la animación o la ilustración; ser consciente de que eran profesiones, formas de ganarse la vida.

En el módulo se estudiaba un poco de historia del arte, 3D, fotografía, animación Flash y stop-motion, entre otras cosas. Todo a un nivel muy inicial, era como estar en preescolar, pero con edad suficiente para saber disfrutarlo.

¡Qué guay! ¿Y hacia dónde te llevó esa experiencia?

Cuando acabé el módulo, pensé que tendría más salida profesional o que sería más fácil meterme en producción o en animación. Lo de la ilustración me parecía algo volátil, no estaba segura de que pudiera vender mis ilustraciones. Consideré que sería mejor y me aportaría más estabilidad encontrar empleo en un estudio de animación.

Casualmente en Infojobs vi una oferta de un estudio pequeñito en Barcelona. Necesitaban gente para animar en Flash, bueno, en Animate, que en aquella época era Flash. Yo dominaba la interfaz bastante bien, pero claro, no tenía ni idea de los 12 principios de la animación, ni de tiempos pero igualmente, fui a la entrevista y me cogieron.

Recuerdo que fue salir del módulo y a los pocos meses ya estaba trabajando en este estudio.

Pasé un mes simulando que sabía animar, aprendiendo y empapándome de todos mis compañeros que lo hacían súper bien. Éramos todos muy jóvenes, pero algunos sabían animar con muchísima gracia. Les preguntaba dónde habían aprendido, ¡y decían que en casa!

Había gente de todos los rincones de España, como Khris Cembe, que en la actualidad dirige cortos y películas de animación y ha ganado varios Goyas por su trabajo, Rafiki, animador, que también premiado con uno, Paco Sordo, que actualmente es ilustrador infantil y autor de cómics,entre otros. Había personas de todas partes y, además, tenían mucho talento.

Gracias a este trabajo y a los compañeros aprendí mucho. Aprendí a animar, realmente. Bueno, aprendí de todo un poco.

Hacíamos una película que iba a salir en cine, La Crisis Carnívora, y, aparte de pasárnoslo muy bien, fue un periodo muy duro porque trabajábamos muchas horas. Eso sí, como te decía, éramos muy jóvenes y lo llevábamos bien. A día de hoy pienso que era el momento ideal para hacer esas locuras. Hicimos mucha amistad todo el grupo y lo recuerdo con mucho cariño.

¿Cuántos años tenías tú?

23 añitos.

Sí, ¡muy joven! Qué bueno haber tenido esa experiencia. ¿Cuánto tiempo estuviste ahí?

Creo que estuvimos cerca de un año. Luego, la película terminó y hubo gente que se quedó a trabajar en una serie de animación online que se hacía allí, pero los que fuimos contratados para la película ya nos fuimos.

Vale. Y una vez sales de ahí, ¿qué sucede?

Una vez salí de ahí, busqué trabajo de lo que fuera. Acabe en la recepción de una clínica. 

Me lo tomé como algo temporal. Estaba muy bien porque era media jornada y me dejaba la otra media para seguir dibujando y seguir mejorando. 

Por aquel entonces, tenía mi blog y subía allí lo que hacía, y no recuerdo exactamente si lo busqué o si me llegó, pero encontré una oferta de trabajo en un estudio de animación de Terrassa, Neptuno Films. Buscaban animadores flash y allá que me fui.

Claro, tú tenías el foco puesto totalmente en la animación, ¿no?

Sí. Si me hubiera llegado alguna propuesta para editorial hubiera dicho que sí también, pero sí que es verdad que veía más posibilidad de continuidad y estabilidad en los proyectos de animación, que puedes tirarte perfectamente 2 años haciendo un mismo proyecto. 

Claro. Entonces entraste a este estudio ¿no?

Sí. Tuve la suerte de que me contrataran para hacer una serie para Canadá, para Disney Channel.

¡Ostras, qué guay! ¿Cuál era tu papel en ese proyecto?

Sí, era una serie muy bonita. 

Yo era asistente del director de animación.

El equipo era pequeñísimo. Estaba el director, había otra chica que era becaria, la productora y yo. La animación se hacía en China y yo hacía un poco de todo, entre otras cosas, los setups de los personajes. 

Por ejemplo, el diseñador, que era japonés, me entregaba un personaje en una vista, y yo me encargaba de crear el turnaround y de dividirlo en símbolos para que pudiera ser animado. Después pasábamos esto a los animadores. También me enviaban planos en los que debía revisar si la animática estaba correcta. Realmente, hacía un poco de todo.

Imagino que toda esa experiencia y aprendizaje te vinieron muy MUY bien para cuando te pusieras con tu primer proyecto editorial. 

Realmente, sí. Saber cómo posar un personaje es importante. Creo que, gracias a mi experiencia en la animación, tengo mucha frescura a la hora de dibujar y trabajar con los personajes.

Al final, cuando eres animador, sobre todo si eres animador tradicional, posar el personaje es la base de todo.

Claro. Entonces, ¿cómo pasaste de la animación a la ilustración? ¿Trabajaste en más proyectos de animación antes de ese cambio?

Pues en esta última serie de la que te hablaba, entró un chico con el que trabajé en el estudio anterior, Joan Guardiet. Necesitaban a alguien que hiciera los fondos, y yo lo propuse a él, ya que era fondista. Nos llevábamos muy bien, y cuando terminó este proyecto para Neptuno Films, pensamos en montar nuestro propio estudio de ilustración y animación.

Los dos sabíamos que donde uno no llegaba, llegaba el otro. Nuestra intención era crear pequeñas cosas que nos hicieran felices y nos dieran de comer. Así fue como nació Pistacchio.

Principalmente trabajábamos para publicidad: hacíamos muchas animáticas, storyboards para anuncios, y trabajos para webs. 

A todo esto, en ningún momento dejé la ilustración por completo. Yo no paraba: trabajaba mis ocho horitas y luego seguía dibujando por amor al arte y subiendo al blog todo lo que hacía.

Fue al año y pico de montar el estudio cuando me llegó un email de Penguin Random House para hacer mi primer álbum ilustrado, concretamente uno para Sant Jordi.

Para ese entonces, ¿tenías un portafolio dirigido a editoriales o, más bien, subías dibujos que te gustaban?

Seguía subiendo ilustraciones al blog. Además, en aquel entonces era bastante más insegura y no sabía muy bien las formas de atraer clientes de ese tipo. Podría no haber pasado nada de esto, pero mi filosofía era: hazlo tan bien que, en lugar de llamar a puertas para pedir trabajo, sea la gente la que te llame a ti.

Además, no tenía ningún contacto dentro de las editoriales ni mucha idea al respecto, y como con lo otro estaba ganándome la vida, tampoco tenía mucha prisa.

Es cierto que el tema de la publicidad no me emocionaba en absoluto. Sin embargo, prefería trabajar en eso que ser recepcionista, dependiente o camarera, trabajos que ya había hecho y que me deprimían.

¿Y cómo fue tu experiencia con ese primer álbum ilustrado?

Me reuní con la editora y, evidentemente, le pregunté cómo lo querían, pero me dieron total libertad. Me dijo que yo era la artista y podía hacer lo que quisiera. 

Al ser tan libre, tuve una crisis de estilo, porque no tenía uno definido para este tipo de proyectos. Antes de dibujar nada definitivo, estuve haciendo mil bocetos, mil pruebas…

Tenías muchísimas cosas que decidir antes de empezar a plantear nada ¿no?

¡Claro! Teniendo en cuenta que iba dirigido a público infantil, busqué muchísimas referencias para ver lo que había y lo que no, tanto en estilos como en tema de color, entre otras cosas.

Además, también quería que fuera original. Había muchos libros de Sant Jordi publicados, por lo que era importante ver qué existía en el mercado y, sobre todo, qué podía aportar yo para que fuera diferente.

Un estudio de mercado en toda regla.

Sí, al menos lo intenté. Salió lo que salió y, a día de hoy, le tengo mucho cariño. Me sigue gustando en términos de dibujo y diseño de personajes.

A veces, haces un proyecto y, a los dos meses, lo revisas y lo ves todo mal, no te gusta NADA, pero con este primero, aunque si me tocara hacerlo de nuevo cambiaría algunas cosas, me sigue gustando bastante.

Después de ese proyecto, recibí un correo de la editorial La Galera para ilustrar una colección de una autora. En dos meses, tenía dos ofertas de trabajo con editoriales.

¿Y te fue gustando la experiencia?

Me enamoré totalmente.

¿Y ambas llegaron a ti porque descubrieron tu blog?

Sí. Estamos hablando de 2007-2008 y, si no recuerdo mal, no usaba Instagram por aquel entonces, no para subir mis trabajos.

Vale, entonces ya empezaste a trabajar con editoriales. Supongo que te tocaba compaginarlo con tu trabajo en el estudio ¿no?

Sí, con el tiempo me escribieron para trabajar en más proyectos similares. Como te decía, el trabajo en publicidad no me gustaba. Finalmente, hablé con mi compañero para comentarle la situación. Sentía que me apetecía más trabajar para editoriales, que era el momento adecuado y que podía dar lo mejor de mí.

No hubo ningún problema. Él continuó con Pistacchio y siguió trabajando en publicidad, mientras yo me dediqué por completo a la ilustración y al mundo editorial.”

¿Y cómo fue ese cambio? ¿Te llegaron muchos trabajos directamente hasta el punto de no tener que buscar clientes, o enfrentaste alguna época de parón? ¿Cómo gestionaste esa nueva etapa?

Tuve la suerte de que me llegaran encargos de series de varios libros. Los proyectos se iban solapando y no me daba tiempo a pensar en qué hacer si me quedaba sin trabajo.

Además, también me representó una agencia de ilustración internacional e hice alguna cosilla para el mercado extranjero. 

Con todo esto me fui ganando la vida bien. La gente quedaba contenta y volvían a llamarme. En este sentido, cumplir los timings y tratar de ser los más profesional posible, creo que eran puntos clave.

¿Dices que te representó una agencia, ya no te representa?

No, lo dejé, no eran claros con la información y decidí poner punto y final. Pero sí que me gustaría conseguir representación de un agente para poder llegar a editoriales de fuera de España. Mi inglés es muy precario y no me veo buscando clientes por mí misma. 

Sin embargo, también es cierto que, hasta el momento, no me ha faltado trabajo, por lo que no he sentido la necesidad o la urgencia de ponerme con ello. Igualmente, sé que hay países en los que nuestro sector está mucho más valorado, tanto artística como económicamente, así que sí, es un objetivo que me gustaría cumplir.

Te iba a preguntar si has ido a la feria de Bolonia, pero intuyo que ni te ha dado tiempo, ¿no?

¡Eso mismo!, no me ha dado tiempo. Es más, quiero ir a la feria de Bolonia! Reconozco que me da corte por lo de no saber inglés, pero quiero ir algún día.

En cuanto a las series, por ejemplo, ¿cuánto tiempo te llevó ilustrar Perrock Holmes?

Pues lo miré hace poco. Llevo ocho años trabajando en esa serie. Hace dos años que dejamos de producir al ritmo que se planteó inicialmente. Ahora ilustro uno al año, cuando antes solía ilustrar dos o tres al año

Por otro lado, he visto que eres autora integral de varios proyectos. ¿Cómo surgieron? ¿Los presentaste tú o te lo propusieron? 

Hay un poco de todo.

Mi Gran Amigo Tosca era un proyecto personal para el que hice un pequeño dossier con la historia y algunos dibujos terminados. Lo presenté a algunas editoriales grandes, pero no les interesó. Lo tenía ahí en la recámara.

De repente, en una de esas reuniones de ilustradores que se hacen en la calle, me encontré con Ana Llenas, que también era amiga del compañero con el que monté el estudio. La conocía de esa época. Ella era diseñadora gráfica y sabíamos que, si nos llegaba algún trabajo de este tipo  al estudio, ella nos podría ayudar en caso de que nos hiciera falta.

El caso es que cuando me la encontré en esa reunión, yo estaba empezando a trabajar con editoriales, pero ella ya era una autora reconocida en el sector por su famoso cuento El Monstruo de Colores.

Entonces, le conté lo que me pasaba con este proyecto que nadie me aceptaba, y me animó a que no lo dejara. De hecho, me contó que el cuento que estaba presentando en ese mismo momento lo escribió antes de El Monstruo de Colores y también se lo rechazaron varias veces. Me dijo que no dejara de intentarlo, que si el proyecto era bueno, acabaría saliendo.

Más adelante, publiqué en Instagram una imagen del proyecto, contando que me gustaría publicarlo algún día y que, de hecho, tenía el dossier preparado con la propuesta. Sabía que esta no era la manera normal de vender un proyecto, pero lo hice de todos modos y funcionó. Tuve la suerte de que esa información llegara a dos editoriales que me contactaron interesadas en él. Al final, lo publiqué con FUN READERS, una editorial pequeñita.

Después, Ominiky, una editorial que hace libros de arte, también se puso en contacto conmigo, pero no estaban interesados en mi propuesta, sino en todo mi trabajo; querían hacer un libro de arte con todos mis dibujos.

Quizás suene un poco atrevido, pero actuar así me ayudó a encontrar oportunidades donde, en un principio, no las había.

Al final, Mi Gran Amigo Tosca quedó increíble. La edición es preciosa, tiene el lomo de tela que yo soñaba.

Es cierto que, al ser una editorial pequeña, la distribución es más limitada. No puedes encontrarlo en cualquier librería, tienes que pedirlo; y yo tengo la teoría de que los libros que no están en las librerías no se venden de la misma manera. Puedes hacer mucha promoción en Instagram, pero si las madres o los niños que van a comprar un cuento no lo ven en las estanterías, no se venderá tanto.

De todos modos, estoy muy orgullosa de ese proyecto, la edición fue como yo la quería y me mimaron mucho. Hice dos presentaciones y, para mí, es el primer álbum ilustrado del que soy totalmente autora. Es mi bebé.

Me gustaría mencionar también a mis otros “bebés”: Cloe y la Nube, Dibujaré un arcoíris y la colección de cómics infantiles de Nuc.

Respecto a lo que me cuentas, quiero destacar y enviar un mensaje a los ilustradores y escritores novatos que no están seguros de si deben enviar su propuesta por miedo a ser rechazados o ignorados. Dime si estás de acuerdo:

Lo que yo les digo es que las editoriales tienen sed de talento, que no son monstruos ni seres inalcanzables, y que realmente están interesadas en ver qué tienes para ofrecer. ¡Envía tu propuestas, porque hay una probabilidad real de que las revisen!

Sí, estoy totalmente de acuerdo.

Por otro lado, ¿cómo es tu relación con las redes sociales? ¿ha ido cambiando a lo largo de los años?

Al principio, como te comenté, usaba Blogspot. La cuenta de Instagram la abrí más tarde, pero no la usé como portafolio en un primer momento. Después, hubo un proceso en el que Instagram fue sustituyendo al blog y pasó a ser también un portafolio. Durante todo ese tiempo, hasta que me convertí en mamá, fui bastante activa. De hecho, creo que la mayoría de mis seguidores son de aquella época.

En aquel entonces, el tema del algoritmo funcionaba de manera diferente, no estaba tan restringido como ahora. No había tantos requisitos, publicabas algo y si a la gente le gustaba, los “me gusta” y los seguidores subían más fácilmente.

Sin embargo, como te decía, la maternidad me obligó a parar.

Realmente me considero adicta al trabajo, sobre todo porque trabajo en algo que me apasiona. Soy capaz de pasar muchas horas trabajando en lo que me gusta. Cuando no tenía hijos, podía estar ocho horas trabajando en encargos o cualquier tarea que tuviera que hacer, y luego pasar de las seis de la tarde hasta las diez o once de la noche dibujando por diversión. Greneraba mucho contenido, pero cuando me convertí en mamá tuve que parar, lo cual me generó mucha frustración y, además, afectó a mi ritmo de publicaciones en redes.

Fue un período un poco duro. Aparte, se me acumularon muchas entregas, porque había aceptado muchos proyectos antes de tener al pequeño, y los trabajos se retrasaron, lo que hizo que, después de dar a luz, tuviera cinco entregas en dos meses.

¡¿Te puedes creer que me pasó algo muy parecido?! La maternidad y la conciliación son un tema aparte.

Sí, fue una locura, pero luego el tiempo pasa y sales de eso.

En relación a las redes sociales, me obligó a acostumbrarme a no publicar tanto, a no ser tan esclava. Cuando no tengo material nuevo porque ya no tengo tanto tiempo para dibujar fuera de encargos, trato de subir ilustraciones de trabajos anteriores o bocetos de proyectos que estoy haciendo. Intento mantener la cuenta más o menos actualizada, pero ya no me lo tomo igual que antes, no de forma tan estricta.

Además, debido a los cambios que ha habido en cuanto al algoritmo, creo que aunque estuvieras ahí al 100%, es más complicado que te vean. Se nota mucho si comparas las interacciones de antes con las de ahora, así que lo mejor es no obsesionarse.

También es posible que haya cambiado la forma en que los usuarios interactúan. No lo sé.

Ahora, por ejemplo, tengo una cuentaenfocada al tatuaje a la que le estoy dando más caña. Creo que es necesario mostrar lo que sé hacer si quiero empezar a conseguir más trabajos de este tipo. Igualmente, como te decía, me lo tomo con más calma.

¿Ha influido ese parón en la cantidad de propuestas que te han ido llegando?

No, he seguido teniendo mucho trabajo, pero entiendo que es porque ya cuento con cierto recorrido y una cartera de clientes. En este sentido, comprendo que si estás empezando, quizás sea necesario enfocar parte de tus esfuerzos en mostrar en redes lo que sabes hacer. Creo que se debe hacer así y que al final suele ser bastante efectivo.

En cuanto al tema de la maternidad, no sé si te acordarás, pero cuando mi hija tenía alrededor de 5 meses, un día te escribí por mensaje privado para preguntarte si era normal que no pudiera trabajar y hasta cuándo podía durar eso. Estaba desesperada, jajaja.

No recuerdo muy bien qué me dijiste, pero trataste de normalizarlo y de animarme.

Jajaja, es verdad que los primeros meses son los más duros. Supongo que te diría eso. El bebé es tan pequeño que debe estar contigo las 24 horas. Pasas a tener cero espacio para ti misma, y mucho menos para dibujar, ya sea por trabajo o por diversión. Entonces, extrañas algunas cosas de tu antigua vida. Además, las hormonas están como están, por no hablar de la lactancia, que en mi caso fue una m*****a.

Es muy loco, y puede sonar egoísta decir que necesitas espacio para ti, porque el bebé es muy pequeño, pero a veces, te gustaría desaparecer durante un rato.

Luego está el tema de mantener la creatividad en esos momentos. Ponerte a trabajar y tratar de cumplir con las fechas después de llevar todo el día con el peque enganchado, con lo devastada que te deja eso, no es fácil. Y hablo no solo de la carga física, sino también de la mental.

Totalmente. 

Después, a mí me pasó otra cosa muy rara, y es que cuando volví a trabajar, tenía tantas fechas de entrega que llegué a enfadarme con la ilustración porque sentía que me robaba tiempo para estar con mi niña. 

Siempre había querido ser mamá, y cuando finalmente lo fui, de repente, me sentí atrapada en las fechas límite y en mi propia vocación, mientras mi hija, que lo que más quería era estar con su mamá, crecía por segundos.

¡Sí! Afortunadamente, luego bajas de esa rueda que te creas tú de autoexigencia. Empiezas a ver que no se ha acabado el mundo, y que te siguen llamando para trabajar.

También es verdad que la frustración con la que viví mi primera experiencia como madre no la volví a vivir con el segundo. Fue totalmente distinto. Estuve con él y no me preocupó en absoluto tener que parar. Enfoqué la maternidad de otra manera. Me apetecía ese parón.

Aprendí a repartir el tiempo de otra forma, dejando de lado esa adicción mía al trabajo

¡Ostras!, pues no eres la primera a la que se lo oigo decir. 

Claro. Ya sabes lo que te vas a encontrar. El cambio fuerte ya lo viviste con el primero, y a pesar de que sigan habiendo momentos de estrés, te lo tomas de otra forma. Sabes que hay salida.

Totalmente.

Ahora, cambiando radicalmente de tema, ¿hasta qué punto sientes que te afecta el síndrome del impostor?

El síndrome del impostor a mí me afecta cuando tengo que hacer alguna charla en algún evento, no tanto en proyectos de ilustración.

Cuando me invitan a impartir alguna clase sí me pongo nerviosa. Sin embargo, en un proyecto, cuando me mandan algo que no he hecho anteriormente o que no domino, como podría ser el lettering, simplemente lo hablo con el cliente. No digo que no directamente, pero sí soy clara al respecto. Les comunico que puedo intentarlo, pero que quizás sería preferible que lo hiciera alguien especializado en ello.

Estoy de acuerdo, eso es lo mejor que puedes hacer. Te evitarás muchos malentendidos y además quedarás igualmente genial por tu honestidad y profesionalidad.

Claro. Yo, por ejemplo, controlo muy bien Photoshop, pero con Illustrator voy perdidísima, y alguna vez me ha tocado decirlo. No tengo por qué mentirles. Si quieren trabajar conmigo, es porque les gusta mi trabajo, el mismo que he hecho con las herramientas que sí domino.

Claro. Yo viví la experiencia de trabajar en una agencia en la que me pedían dibujar en illustrator, cuando por lo que me contrataron era por mis ilustraciones hechas con Photoshop. Yo era tan tímida y tan novata que no dije nada por miedo a decepcionarles. 

Aprendía a la fuerza y fue bastante frustrante porque, sobre todo al principio, iba lentísima y sabía que se estaban dando cuenta. Fue un error por mi parte. 

El caso es que en esa misma agencia, para trabajos que SÍ deberían haber sido hechos con Indesign utilizaron Illustrator por la misma cuestión, porque no dominaban la herramienta, pero ahí no pasaba nada porque eran los jefes los que tomaron esa decisión.

Lo que quiero decir es que, al final, todos elegimos nuestros recursos y no dominar todos los softwares existentes no tiene porque hacerte, precisamente, un mal profesional.

Claro, no está de más tratar de ir aprendiendo nuevas herramientas, pero no es necesario abarcarlo TODO.

Hablando de herramientas, he visto que si usas Procreate ¿no?

Sí, sobre todo para el diseño de tatuajes. Es más cómodo y se pueden hacer cosas muy guays a nivel entintado. Te afina la línea de manera muy natural y queda muy chulo.

Sí que es verdad que para proyectos de álbum ilustrado prefiero Photoshop, aunque, últimamente, estoy pensando en probar a hacer la línea con Procreate en próximos proyectos, solo la línea. He visto que se pueden hacer ilustraciones más complejas con resultados muy chulos, pero todavía siento que Procreate puede ser un poco limitado a nivel de capas y, además, voy más rápida con Photoshop.

¡Claro, el tema de los tatuajes! También quería preguntarte por eso. ¿Has trabajado ya como tatuadora? ¿Tienes encargos por esa parte?

Sí, bueno, como si se tratara de una relación de pareja, tuve una crisis con el mundo editorial. Como en todo, hay luces y sombras. Hubo un momento en el que me desencanté un poco, no sé si fue por la crisis de los 40.

Me apetecía hacer otra cosa, pero no sabía qué. A mí me gusta tocar muchos palos: hago costura, cerámica… Me desestresan. Sin embargo, esta vez, quería aprender algo nuevo que pudiera implementar los conocimientos que tengo de ilustración y, si podía sacarle rentabilidad, mejor.

Entonces, un colega, Brusco, que estaba metido en el mundo del tatuaje me animó. Además, mi chico, que me apoya en todo, también me alentó, y en mi cumpleaños me regaló una máquina para tatuar. Justo llegó el COVID, y pasé todo el confinamiento tatuando naranjas, plátanos y pomelos. Después del confinamiento, empecé a tatuar a mis amigos ( los que se dejaron).

Luego, por Instagram me habló una chica, Anna (a quién le agradezco profundamente su confianza ciega en mi), que tiene un estudio en Sabadell, Mökki. Me dijo que ella también era autodidacta y que si tenía alguna pregunta, no dudara en hacérsela. Acabamos quedando en su estudio para tomarnos un café, hubo muy buen feeling, y me ofreció ir allí, sin ningún compromiso, a aprender.

Así que en eso estoy, empezando. No quiero dejar el mundo editorial porque me gusta mucho, pero si puedo compaginar las dos cosas, sería ideal.

Sí, diversificar ingresos nunca está de más. Es algo en lo que nos enfocamos mucho en la revista. Lo ideal es poder contar con una variedad de fuentes de ingresos que te permitan tener un respaldo para poder elegir o rechazar proyectos con libertad.

Exacto. El tema es llegar al punto de poder elegir sin miedo a quedarte parado. Ese es uno de mis objetivos, junto con el de sacar más proyectos propios.

Una de mis preguntas era la de dónde te ves en el futuro, cuáles eran tus metas. Creo que con todo esto ya me has respondido, ¿no?

Sí, esas son las cosas que me gustaría hacer y conseguir.

Otro tema por el que quería preguntarte: ¿qué opinas sobre trabajar a cambio de visibilidad?

En mi caso, en mi situación actual, ni me interesa, ni tengo tiempo. Me pasa que a estas alturas ya tengo la visibilidad que quería. Sin embargo, reconozco que sí he trabajado por visibilidad en el pasado.

Ahora, incluso una prueba, si no es pagada, no la acepto.

Creo que llega un punto en el que estás en una posición en la que, si no te plantas, haces un flaco favor a tu profesión, a ti mismo y a tus compañeros.

Sí, totalmente.

Entiendo que alguien que esté empezando acceda a trabajar a cambio de visibilidad, porque a lo mejor no estás mirando tanto el dinero que te van a pagar, sino como ese tiempo te va a servir a ti para aprender, para progresar y para ser visto.

Ahora, otra cosa es que aceptes todos los trabajos gratuitos. Hay que tener cuidado. Puede que te encuentres con clientes con la cara muy dura. Hay que tratar de detectarlos y mandarlos a la m****a si hace falta.

Creo que depende mucho del contexto: el cliente, lo que te aporta económicamente, lo que te aporta emocionalmente,… Se trata de ponerlo todo en la balanza y valorar si te va a merecer la pena.

Por ejemplo, si te contacta una editorial enorme y te pide trabajar gratis, por favor, no, porque precisamente ellos sí te pueden pagar.

Hay muchas variables a tener en cuenta.

Al final, creo que lo mejor que puedes hacer si tienes dudas es preguntar a compañeros del sector, ¿verdad?

Sí, mejor.

Además, aunque hay veces que te escribirá gente con mucho morro, otras se trata de personas, quizás particulares, que no tienen mucha idea de cómo funciona esto y te piden colaborar en condiciones que no te merecen la pena. Entonces, aunque tú no lo aceptes porque no te interesa el proyecto, sí que puedes guiarles o recomendarles a compañeros o editoriales que podrían estar interesados. Puedes educar a ese nuevo cliente con buenas formas.

Otra cosa son estos concursos organizados por gente que sí entienden cómo va el sector, pero que tienen mucho morro y te llegan con el cuento de la visibilidad.

Bueno, ¿y qué me dices de las inteligencias artificiales?

Este tema es una locura, y eso que estamos en el principio.

Para empezar, creo que deberían de regularse, pero no sé cómo exactamente. Me parece complicado.

Sí. Yo, de momento, e independientemente de si se regulan o no, algo que tengo muy presente es que ahora, más allá de hacer lo que siempre hacíamos como ilustradores, tenemos una nueva responsabilidad y es la de pensar en cómo redefinirnos, pero hasta el punto de tomarlo como un trabajo.

Le tocó a algunos de nuestros antepasados, ahora nos toca a nosotros.

Está claro que ya hay proyectos para los que están prescindiendo del servicio del ilustrador/a que solía hacerlo. En este sentido, me parece obligatorio preguntarte e investigar a diario qué trabajos y resultados puedes lograr que la IA, por sí sola, sin tus conocimientos de ilustración y tu creatividad, no puede.

De momento, como consumidora y fan de los álbumes ilustrados, no he visto nada que pueda reemplazar a mis artistas favoritos.

Lo malo es que llegue un punto en el que no sepas diferenciarlos.

Ya…, es todo incertidumbre.

A mí, una cosa que me causa curiosidad y me da cierta esperanza es ver cómo la IA, algo que NO puede hacer, es generar esa pulsión que te lleva a querer dibujar y crear algo elaborado a varios niveles. En mi entorno, pocos o ninguno le ha prestado atención a esto de las IA, simplemente no les llama la atención o lo ven como un juego para un ratito. Yo puedo pasar horas trasteando e investigando hasta dónde llegan y cómo podrían ayudarme realmente a crear proyectos más complejos. 

Claro. Para mí, lo malo no es que un particular pueda crear un cuento personalizado, pero sí me parece peligroso que las grandes empresas empiecen a prescindir de nosotros porque con un informático tecleando prompts les sea suficiente. Claro, así se ahorrarían los royalties y listo.

También me parece horrible que puedas pedirle a la IA que te haga una imagen en el estilo de un artista concreto.

Sí, eso es lo que más rechazo me causa de todo este tema.

En cuanto a lo de las empresas, está claro que las editoriales, como empresas privadas que son, irán a lo suya, y si pueden ahorrarse dinero, lo harán. Por eso, me parece tan importante centrar nuestros esfuerzos en redefinir nuestra carrera y encontrar ese lugar o servicio en el que nuestro talento como ilustradores o creativos sea necesario y vendible.

Ya, por ejemplo, las empresas o ayuntamientos ya están generando trabajos con IA y se están ahorrando al ilustrador o al estudio de diseño.

Algunos dicen que es avance, pero en realidad lo que ven es ahorro y rapidez, como pasó con la revolución industrial.

De momento, seguimos siendo necesarios, porque todavía hacen cosas raras al representar las manos y las caras, pero ya veremos.

Sí, el caso es que ahora todos somos inexpertos en este tema. No hay nadie a tu alrededor que vaya con una ventaja abismal. Así que imagino que, entre otras cosas, lo suyo es ir aprendiendo sobre la marcha, actualizándose e ir tirando de creatividad.

Exacto.

El caso es que mi chico es pro IA, lo ve como una herramienta que puede ayudar, y de hecho hay funciones que a mí misma me parecen geniales, como la de añadir los sangrados pudiendo expandir la imagen fácilmente o poder usar la herramienta para inspirarte. Pero, claro, ¿de qué me serviría encontrar inspiración para dibujar si ya no me van a contratar para ello?

En fin, mucha incertidumbre.

Sí, yo también he visto cosas que me han gustado, que me han parecido que pueden sernos útiles, pero es cierto que hay que ver más allá, estar al tanto de cómo podemos ir reconfigurándonos y adaptándonos a lo que viene; que, por otro lado, es algo que el ser humano sabe hacer bastante bien por naturaleza.

Y bueno, dejando el tema de las IA, que es muy intenso, paso ya a las últimas preguntas: ¿cuáles son para ti tus mayores logros? ¿De qué trabajo o decisión estás más orgullosa?

Creo que de todo, más o menos. Sí que es verdad que a veces he pensado que podría haber apostado por la ilustración directamente, pero al final, creo que todo fue un acierto.

Gracias a que hice producción audiovisual, cuando entré en animación sabía muy bien cómo iban los tiempos. Eso también me ayudó a la hora de trabajar como asistente de dirección. Después, trabajar en animación me ayudó a saber posar los personajes con mucha soltura. Y, por otro lado, gracias a la publicidad, trabajo súper rápido; de hecho, creo que ese es uno de los motivos por los que he conseguido tener bastante obra publicada.

En definitiva, todas esas experiencias me han llevado a ser lo que soy hoy. Sin embargo, si tengo que elegir algo de lo que estoy especialmente orgullosa, son los libros de los que soy autora integral.

También me enorgullece los cómics en los que trabajé últimamente. Siento mucho respeto y admiración por ese sector, así que ver que lo he podido llevar a cabo y que ha salido tan bien, me hace feliz.

No cambiarías nada entonces, ¿no? Quiero decir, algo que en su día sentiste como un fracaso.

Cagadas muchas, pero cosas que haya sentido como un fracaso creo que no podría decirte nada.

Pienso que todo suma, aunque sea para saber que no quieres repetir o que por ahí no es

Cierto. Y, ya para acabar, ¿qué consejo le darías a alguien que está empezando en esto de la ilustración?

Más que consejos, voy a decir las cosas que a mí me han funcionado, que son el esfuerzo y la constancia. Creo que con eso puedes conseguir lo que te propongas.

También me parece importante rodearte de gente que te aporte, por ejemplo: conocer a ilustradores que admiras y formarte con ellos si es posible.

Perfecto, pues ya estaría. No sé si me he dejado alguna pregunta, pero aquí hay bastante información interesante, me parece. Ha estado genial, así que ¡muchísimas gracias, Núria!

Nada, ¡muchas gracias a ti!

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4 comentarios

  1. ¡Qué maravilla! Ya conocía a la Pendeja y tu entrevista me ha encantado. Enhorabuena y muchas gracias.
    Urbano

  2. Yujuuu! muy bueno. Yo también soy ilustradora, y también quiero aprender a tatuar, pero no sé por dónde empezar, me intimida un poco. Felicidades por la entrevista y por la revista, está muy bien 🙂

  3. Yo seguía a Núria desde que se casó, ¡imagínate! Es una pasada ver con qué facilidad dibuja pero desconocía que estuviera tan orgullosa de su faceta como autora integral de álbum ilustrado; así que me he atrevido a preguntarle si no le importaría que la entrevistara para mi sección “Ilustrando a” de entrevistas a autoras de álbum ilustrado.
    Sería una pasada que nos enseñara cómo aborda un proyecto propio.
    Muchas gracias por tan extensa entrevista. Me ha gustado especialmente la mención a la maternidad y la difícil conciliación con su primer hijo. Me ha llegado.
    Un abrazo,
    Laia

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