Conoce a Alicia Más, ilustradora y co-leader de esta revista

Esta primera y necesaria entrevista bien podría ser el “sobre mí” de Ilustra Woop.

No solo vas a conocer en profundidad a la protagonista, Alicia, sino que vas a descubrir detalles de ella que ni yo sabía (y que conste que soy Antonio, su hermano y quien hace la entrevista).

Pero hay más…

El formato de la entrevista está pensado para que aprendas de sus errores, de sus logros y, directamente, de los consejos que se daría a sí misma si pudiera viajar al pasado.

Para que te vayas haciendo una idea de como serán las entrevistas en iWooP:

Una conversación familiar en la que destilaremos la experiencia del entrevistado para obtener valiosas lecciones y, además, descubrir a la persona que hay detrás del artista.

Te dejo con la primera; a partir de aquí sólo podemos mejorar.

Fdo. Antonio Más.

Entrevista: Alicia Más

Pon un poquito en contexto sobre quién es Alicia Más.

Me llamo Alicia, tengo 36 años recién cumplidos y soy de Elche, Alicante. ¡Ah! y trabajo como ilustradora y diseñadora gráfica freelance.

¿En el seno de qué familia naciste? ¿Cómo era (éramos) tu familia?

Pues una familia normal de clase media; mi padre, mi madre y dos hermanos a parte de mí: uno mayor que yo (¡tú!) y otro más pequeño. Yo soy la hermana mediana y nos llevamos muy pocos años. Una familia bastante unida, eso sí.

¿Qué te gustaba hacer y cómo eras de pequeña?

De niña, era una persona muy tímida. Diría que esa era mi principal característica. Creo que la gente me conocía más por mis dibujos que por lo que yo pudiera decir. No hablaba. Me daba vergüenza todo y lo que más me gustaba era dibujar y jugar con mis muñecas. En casa, me encantaba reutilizar cosas para diseñar y construir los escenarios de las historias y las películas que me inventaba. En el cole, dibujar, sobre todo dibujar.

Desde pequeña ya destacabas en el dibujo, ¿no?

Sí, en mi familia siempre me han dicho, especialmente mi madre, que tengo un don. Pero con la edad, veo que no es un don, sino que siempre he tirado por el dibujo porque, por alguna razón, me satisface. No sé, una especie de predisposición genética que me hace disfrutar del proceso y el resultado. Eso me llevaba a dibujar más, a practicar más, lo que a su vez me permitía dominarlo mejor que la mayoría. Así que, sí, siempre me ha encantado dibujar.

¿Crees que es más importante que te guste para que puedas dedicarle muchas horas a qué “te nazca el don”? 

Sí, sin duda: tener vocación.

Dices que eras muy tímida. ¿Crees que esto ha influido para bien o para mal en tu carrera de ilustradora?

Influir ha influido. A mí me pasa una cosa que parece ser que no le pasa a mucha gente, y es que recuerdo con mucha precisión cómo era ser yo dentro de mi cuerpo y con mi mente de niña: cómo veía a mis padres teniendo dos años, las anécdotas y cómo se sentía todo. Por ejemplo, cómo me desconcertaba tener que compartir algo a los dos o tres años. Entiendo a mi hija de dos años cuando nos dice que no quiere compartir; yo misma recuerdo cómo es no poder entender que tengas que hacerlo.

Me acuerdo de cómo era dibujar para mí. En el cole se metían bastante conmigo y el dibujo era como una vía de escape. Sentía que mientras dibujaba nadie me molestaba. Encima veía que los dibujos gustaban. Me lo decían. En ese ratito se dirigían a mi, pero no para meterse con mi físico, sino para decir que les gustaba lo que hago.  

Eso influyó seguro. Quizás lo que hubiera sido un simple “me gusta dibujar” se convirtiera en un “necesito dibujar” porque era donde yo mejor me encontraba.

Era un refugio y al mismo tiempo una vía de expresión. Refugio y vía de salida.

Eso es. 

Vamos a seguir avanzando un poco en tu vida. ¿Qué estudiaste y por qué?

Aquí tengo que decir que antes no lo he dicho, que mi familia siempre me ha apoyado muchísimo. No me insinuaban que debía estudiar medicina o ser abogada, por ejemplo. Mis padres enseguida se dieron cuenta de que lo que más disfrutaba era el dibujo y me apuntaron a todo lo que tuviera que ver con ello. Siempre me apoyaron mucho en eso. Entonces, hice el bachillerato artístico y terminé estudiando Bellas Artes.

Cuando acabé Bellas Artes, tuve un bajón, porque aunque esta carrera te enseña cosas que pueden servirte para la ilustración, en la época en la que yo estudié no estaba bien visto hacer lo que yo hago. Estaba de moda el “artista atormentado”. De hecho, a mí me decían que tenía que ser más como Frida Kahlo. Que yo era demasiado happy y dulce. Me pedían que rebuscara en mi parte oscura, cosa que a día de hoy no le veo ningún sentido.

Que te guste hacer dibujos más propios de un álbum ilustrado infantil no significa que estés vacía por dentro o que no tengas problemas. Además, en la literatura infantil también se pueden tratar temas serios. Pero nada, me pidieron que dejara de dibujar dulce.

¿Esto durante la carrera?

Sí, a mí me sorprendía mucho, pero yo también era muy obediente. A mí misma me decía: “Si el profesor me lo dice, es que es así, él sabe más que yo, así que tendrá razón”.

Entonces, me quitaron todo eso que a mí tanto me caracterizaba, que eran las ganas de dibujar. De repente, ya no quería. Lo odiaba. “Si lo que tengo que dibujar es serio y oscuro y no puedo dibujar cosas dulces porque eso no es de ser buen artista, no quiero; será que esto no es lo mío”, pensaba. Ahora lo pienso y digo: “¡Vaya! No estabas dispuesta a pasar por el aro, ¿eh? ¡Ni en broma eso de tener que ir fingiendo cosas! ¡Pues di que sí!”.

Es cierto que Bellas Artes me vino bien por un lado, pero por otro me vino muy mal porque me bajó mucho la autoestima en ese sentido.

Ahora, con la edad, me he vuelto menos radical que nunca y entiendo que los profesores también son personas y que estaban dejándose llevar por una moda. En el fondo, me decían lo que ellos entendían que estaba bien.

Por suerte, cuando terminé la carrera, el tema del desarrollo personal y volver a dibujar de nuevo me devolvieron a mi sitio, aunque me llevó un rato.

¿Crees que hubo algún punto de inflexión que te hiciera darte cuenta e hicieras ese cambio o simplemente fue el paso de los años?

Lo hubo. 

Cuando acabé Bellas Artes me puse a estudiar oposiciones para profesora porque no le veía salida a esto de trabajar de la creatividad – ¡yo no era la buena artista bohemia que se me pedía! -, pero en medio de todo eso me di cuenta que no me gustaba. ¿Total, para qué? me repetía. Quiero decir, me venía abajo cuando notaba que me estaba esforzando para conseguir algo que no era para nada mi sueño. Entonces decidí que me iba un año a Londres a aclarar las ideas y así, por lo menos, aprendería inglés.

En Londres, trabajé como Au pair y cuando estaba allí, se juntaron varias cosas. Los niños a los que cuidaba se enteraron de que había estudiado Bellas Artes y me pedían que dibujara todo el rato. Además, hacía muchos dibujos en plan cursi y súper románticos para mandárselos a mi chico, al que echaba muchísimo de menos. Así que empecé a dibujar otra vez y, además, dibujaba lo que me daba la gana sin tener que esperar notas de ningún profesor.

¡Qué buena historia!

Y aún hay más. Entonces descubrí a Laura Pérez, una ilustradora que es de aquí, española. 

Cuando vi sus dibujos, fue muy raro porque vi cómo dibujaba lo mismo que yo: muy dulce, mismas temáticas, aunque con muchísima más calidad. Me pregunté: “¿Cómo puede ser que esté dibujando lo que tengo en mi cabeza? ¡Ostras! ¡Y además vive de ello!”

Era como verme a mí, pero no era yo. Fue muy raro. Pensé ¡Si es lo que yo quiero hacer! 

Ahora tiene otro estilo muy diferente que también me encanta, pero fueron sus trabajos de aquella época los que me cambiaron el chip.

En ese momento trabajaba en un restaurante de camarera en Londres. Volví a casa y me encontré con los trabajos de Laura en Facebook. Yo llevaba unos cuantos meses dibujando tonterías en libretas, pero ahí empezó todo, ahí fue cuando, por fin, tuve una meta clara y empecé a tomarme enserio a mi misma.

Me acuerdo que llamé a mi chico y le dije: “¡voy a ser ilustradora!”. Le conté lo de Laura toda emocionada. Él se quedo un poco desconcertado, pero dijo algo así como: “muy bien, cariño. Pues ya está. Adelante”.

¿Y Laura lo sabe esto o no?

No lo sé, creo que no. Cuando conocí a Ío Bru de Ilustrando Dudas, que conoce a Laura, se lo conté, pero no creo que se lo haya dicho. Me acuerdo también de que una vez la vi en Madrid y quise decírselo, pero todavía era demasiado tímida. Si la viera ahora, se lo diría.

A ver si esta entrevista le llega. Seguramente esta chica no sabrá lo importante que ha sido para ti. 

Sí que lo fue, sí.

¿Te imaginas que ahora estás tú misma siendo “la Laura” de otra persona?

Pues el caso es que, tanto ahora con la revista como antes, alguna vez me han llegado mensajes de ilustradores agradeciéndome que comparta mis cosas, y es increíble. Yo misma viví ese impacto que te cambia, así que me hace muchísima ilusión.

La verdad es que el reconocimiento siempre es agradable

Sí. Y, además, saber que has ayudado.

Siguiendo un poco con tu historia… Dices que hubo un cambio gracias a Laura y decidiste que ibas  a ser ilustradora. ¿Qué hiciste para conseguirlo? ¿Cuál fue el siguiente paso?

Pues volví a España. Bueno, antes, estando allí en Londres, mi familia me mandó por el día de mi cumple un Mac con Photoshop e Illustrator instalados. ¡Qué fuertísimo me pareció y qué contenta me puse! Eso me puso las pilas y, aparte, me hizo sentir que si hacían eso era porque apostaban por mi.

Empecé a “tontear” con los programas y fue un follón. Photoshop es algo intuitivo, pero tampoco tanto, y dibujar con ordenador es complicado. No sabía nada por aquel entonces. Así que me apunté a cursos online de Photoshop e Illustrator. Cursos de 19 euros, me acuerdo. Baratos, pero me vinieron genial. Me leía una unidad y hacia dibujos poniendo en práctica lo que explicaban.

Cursos, o sea, digamos que los primeros pasos fue formarte, ¿no?

Eso es. Entonces, empecé a practicar con estos programas y a asistir otros cursos relacionados con la ilustración. Por ejemplo, a uno de Pencil Ilustradores sobre cómo armar tu portafolio. Era la agencia que representaba a Laura, los conocí por ella. Fue a partir de ese curso que creé mi primer portafolio.

Aprender herramientas, armar el portafolio, y echarle horas, supongo.

Sí. Muchas horas y mucho llanto.

A mí me pasaba muy a menudo que pensaba que no iba a poder y me daba por llorar un montón. Nada, todo ok, es la manera que tengo yo de liberar tensión. Lloro prontísimo y luego continuo. Aunque, eso sí, la experiencia ha hecho que ahora me tome los obstáculos de otra manera (y menos mal).

Una cosa que me ayudó mucho fue buscar referentes. Cuántos más mejor. Estudiaba sus vidas de pe a pa para saber cómo habían llegado hasta allí y dónde encontraron su primera oportunidad. No lo leí en ningún sitio por aquel entonces, lo hacía por intuición, pero luego he visto que los ilustradores veteranos siempre recomiendan que hagas precisamente eso. Te ayuda a darte cuenta de que hay infinitos caminos para llegar a ser ilustrador.

Y otras dos cosas: desarrollo personal y celebrar los pequeños logros – que, bueno, lo segundo va incluido dentro de lo primero. En mi caso, a mí me ponía muy feliz ver que los clientes se iban alejando cada vez más de mi línea del árbol genealógico. Empiezas haciendo un proyecto para tu prima, luego para su amiga, y de repente, un día estás trabajando para completos desconocidos que no sabes cómo han llegado a saber de ti. Te vas sintiendo más ilustradora.

¿Crees que en tu carrera ha sido importante el tema del desarrollo personal?

Lo que más, al menos, para mí. 

Claro, aquí hay que tener en cuenta de donde venía yo. Yo en el cole lo pasé realmente mal. En el instituto no, eso estuvo muy guay, pero eso fueron dos años, el cole fueron diez. Quizá otra persona con una historia diferente, sin haber sufrido acoso escolar tanto tiempo, no necesitaría trabajar tanto en su autoestima, pero yo llegué con muchísimas inseguridades. Los obstáculos me devolvían al pasado, al “tenían razón, algo está mal en mí”, y pensaba que no conseguiría ser ilustradora. Para mí fue muy importante trabajar en esa parte de mí.

Quizás el que fuera tan evidente esa baja autoestima me vino “bien” (entiéndase), en el sentido de que también aceleró el proceso de darme cuenta y ponerme a trabajar en mis emociones.

Cómo tu has dicho,  hay muchas historias y cada uno llega por donde buenamente puede.

Claro, el desarrollo personal fue muy importante para mí y aunque no está bien generalizar, creo que lo es para todos los ilustradores. Creo que tenemos una sensibilidad especial, la que nos permite hacer lo que hacemos, que está ahí para lo bueno, pero también para lo malo.

Claro, no se puede separar, si  tienes la sensibilidad para una cosa, la tienes para la otra y te lo tienes que comer con patatas.

Totalmente. Es como un pack.

Yo he ido a terapia y mi psicóloga me lo dijo así: no debes rechazar esa parte de ti que llora por algo que otros no llorarían, que es sensible de una manera especial, porque es la misma que te permite disfrutar o ponerte muy feliz por cosas “pequeñas” que otros ni perciben.

Si que es verdad que a los que somos muy sensibles nos sucede lo mismo que a la gente que es muy blanca de piel, todo el mundo te lo dice: “Oye, eres muy sensible”, “¿Ah, sí? ¡No me digas! Gracias”. Siempre te queda esa sensación de que estás exagerando.

En terapia descubrí que no es así. Simplemente ves las cosas de manera diferente, pero diferente no significa errónea. Mi psicóloga me pedía que no subestimara mi intuición y me hizo ver que, de hecho, era sorprendentemente acertada.

Por eso, el desarrollo personal es tan importante para mí: para gestionar mis propias emociones. A día de hoy, todavía me sorprende lo bien que llevo proyectos tan complejos como esta revista.

Quizá lo malo no es tener la autoestima baja o tener el síndrome del impostor o ser demasiado sensible, sino cómo tú misma juzgues eso. Si eres así, no puedes hacer nada. No te puedes enfadar por ser o no ser de una manera. Es lo que decíamos, te lo comes y sigues.

Es eso. Además, se nota mucho. Yo estoy muy orgullosa en ese sentido de cómo empecé a cómo lo puedo llevar ahora.

Otra cosa que has comentado y que me parece interesante: decías que empezaste ilustrando para clientes; primero tu prima y luego con clientes más lejanos ¿Cómo fue esto?

Sí, y lo malo es que no los consideraba clientes. Por ejemplo, hice retratos de parejas y dibujos infantiles para comuniones de gente conocida mía. A veces pensaba que lo hacían para hacerme un favor, en plan “a ver chicos, mantengamos a Alicia entretenida”. Todos conpinchados ¿Te imaginas?

También hice unos vinilos para decorar una habitación infantil que me consiguió una tía mía que es decoradora. Esa experiencia me gustó porque la cliente de mi tía no me conocía y, además, me sirvió para mi portafolio.

La verdad es que los contactos ayudan mucho y cuanto más te muevas, más posibilidades tienes. Yo reconozco que aquí me equivoqué y al principio no me moví mucho. Trabajé mucho en casa, en mi escritorio, pero no me di a conocer, por ejemplo, yendo a Bolonia.

Pero considero que tuve suerte porque en cuestión de 1 año (desde que volví a España) acabé trabajando en una agencia de publicidad a la que estoy muy agradecida, Tarsa. Yo tenía mi portafolio, y a través de la cuñada de mi mejor amiga se enteraron de que me dedicaba a esto. Me encargaron un primer trabajo ilustrando unos mapas y llevaba mi portátil para enseñarles el proyecto y hacer los cambios en el momento. Cuando vieron cómo manejaba los programas, me ofrecieron quedarme con ellos para sustituir a la cuñada, que estaba embarazada. Fue ahí cuando empecé en el mundo de las agencias de publicidad.

Estuve 4 años. Pero, al final, me di cuenta de que había aparcado bastante el dibujo, y eso no me gustó nada. Eso sí, aprendí un montón y no cambiaría por nada esta etapa de mi vida.

Si de nuevo aparcaste el dibujo, ¿qué es lo que hacías?

Pues cosas más relacionadas con el diseño gráfico: imagen de marca, catálogos, menús de restaurantes, folletos, flyers, maquetación, …

O sea, hiciste más de diseñadora gráfica que de ilustradora.

Eso es. Por ejemplo, trabajé en una revista donde era la encargada de la maquetación, lo cual me ha venido muy bien después. Pero, como te decía, al final noté que me alejaba del objetivo de ser ilustradora.

Dices que te estabas alejando un poco de la ilustración. ¿En qué momento te diste cuenta de eso y qué hiciste para volver a tu mundo?

En la revista, aparte de maquetar, también era responsable de ilustrar las portadas. Me di cuenta de que no tenía un estilo definido, cada una era de su padre y de su madre. Como la revista era trimestral, este trabajo solo se hacía cada tres meses. Notaba que me costaba arrancar cada vez que tenía que hacer una nueva portada. Y, sobre todo, sentía que dibujar tan solo para eso no era suficiente.

Además, esto es muy curioso a la par que cursi: en aquel momento tenía unos 29-30 años y ya estaba completamente segura de que quería ser madre – siempre lo he sabido, pero me refiero a que quería serlo pronto. Recuerdo que pensé: si tengo un hijo no voy a tener tiempo para nada, ni siquiera para dibujar, y yo quiero que mi hijo sepa que su madre es “ella y el dibujo”. Quiero que mi hijo sepa quién soy realmente (Al final fue hija. Mi niña).

De alguna forma es tu identidad, ¿no?

Totalmente. 

Decidí hacer un libro ilustrado para enseñárselo a mi posible hijo del futuro (En fin…).

Me ayudó mucho saber que no era obligatorio presentarlo en algún lado. El único que podía juzgarme era un hijo que no existía. Como verás ¡cero presiones!, eso me permitió disfrutar el proceso.

Sin embargo, me exigí mucho con las fechas y lo tomé muy en serio. Aunque no era para un cliente experto en el sector, para mi era importante hacerlo. Trabajaba en ello todos los días cuando volvía de la agencia, por las tardes y las noches . Fue una experiencia muy intensa y bonita. Recuerdo que iba todos los domingos a la FNAC de Alicante para ver las tendencias y temáticas de otros libros.

¿Hiciste un estudio de mercado?

Sí, uno bastante exhaustivo. Y entonces, cuando vi que estaba quedando guay, que me gustaba, pensé que no perdía nada por presentarlo a editoriales. Como ya tenía práctica haciendo presentaciones de imagen de marca, hice una presentación muy en ese rollo de mi proyecto. Por cierto, el estilo con el que hice este primer trabajo fue improvisado y no ha sido mi estilo luego nunca más, pero me sirvió para salir del paso.

¡Que bueno! ¿Y crees que, independientemente de cómo dibujaras, el hecho de que supieras cómo presentarlo puede haber sido un punto clave para que te cogieran tan rápido el trabajo? ¿Aconsejarías a alguien que está empezando que no solo aprenda a ilustrar sino también a presentar su trabajo para que sea atractivo?

Sí y sí, absolutamente. Pero, por ejemplo, no tiene que ser “preciosista”. No hace falta entregar un libro encuadernado con piel, tampoco tienes que liarte tanto. Has de ser práctico. Necesitas saber qué mandar y qué no. Por ejemplo, siempre debes incluir el storyboard, pero no hace falta que envíes todos lo artes finales, con tres basta.

¿Algo que recuerde al producto final, que será perfecto, aunque no lo sea?

Sí.

Y luego está la parte del maquetado. No pienso que sea lo más importante, pero he de reconocer que yo le puse bastante cariño. De hecho, una de las editoriales que aceptó mi proyecto lo recibió en formato físico porque así lo exigían, y el director me felicitó por la presentación. Me dijo que abrieron el paquete y lo colocaron en una mesa con otros tantos trabajos que habían recibido, y que el mío era el que más llamaba la atención; que si en esa mesa ese era el efecto que causaba entre los empleados, podría pasar lo mismo en las librerías.

Destacar y diferenciarse. Y más hoy en día que tenemos la atención saturada al máximo. O llama mucho la atención o ni siquiera lo vemos.

Eso es, llamar la atención. 

Vamos a seguir hablando de cómo te va a día de hoy, ¿qué es lo que haces? ¿De dónde sacas el dinero para vivir?

Desde que me aceptaron el primer trabajo soy ilustradora especializada en el sector editorial dirigido al público infantil.

Tras ese primer proyecto (La Superchef), dejé mi trabajo en la agencia y, por suerte, la misma editorial, me encargó más proyectos. Desde entonces no he parado. 

¿Hiciste un salto al vacío?

Bueno, casi, porque no tenía nada seguro.

La editorial me mantuvo ocupada durante bastante tiempo trabajando para ellos, pero sobre todo los primeros meses después de dejar la agencia, tenía más tiempo libre de lo habitual. Empecé a dedicarle más tiempo a Instagram (cuando el algoritmo era otra cosa). Fue entonces cuando la que ahora es mi agente me escribió: “Oye, hemos visto tu trabajo en Instagram y vamos a crear una agencia. ¿Te gustaría trabajar con nosotros?”

Al principio no confiaba mucho, pero vi que eran personas con experiencia en otras agencias y que el contrato parecía correcto (lo revisé con una abogada), así que dije que sí.

Esto fue en verano. A principios del año siguiente, comencé a recibir mis primeros encargos con Little Tiger Press.

¿Pero tú seguías trabajando para editoriales?

Sí, desde que aceptaron La SuperChef encadené dos o tres proyectos y en menos de un año ya empezaron a llegarme trabajos de la agencia mucho mejor pagados. Desde entonces no he parado. 

¿Mejor pagados?

Sí, de fuera de España. Aquí se suele pagar mucho peor o, al menos, esa es mi experiencia. Tuve la suerte de poder empezar a trabajar pronto para editoriales extranjeras.

Hablas de suerte pero es un poco relativo. Cómo se suele decir, la suerte solo encuentra al que la está buscando

Sí, bueno. Siempre que me pasa algo bueno digo que es suerte, pero sé que le he dedicado muchas horas a esto y que, desde que empecé, no he dejado de formarme. Soy consciente de lo importante que es eso.

¿Y qué planes tienes para el futuro?

Una cosa que siempre he anhelado y me ha gustado mucho de otros ilustradores es ver cómo comparten sus procesos. Es increíble lo mucho que me ha ayudado poder acceder a ese material. Por mucho que haya estudiado Bellas Artes, siento que lo más importante lo aprendí después, gracias a esas personas. Admiro mucho su generosidad. Ilustra Woop surge un poco de ahí. Sería como hacer caso a la típica expresión “sé con los demás como te gustaría que fueran contigo”.

Entonces, respecto a cuáles son mis planes, por un lado quiero seguir trabajando para editoriales. Me encantan ilustrar cuentos. De hecho, ahora acabo de aceptar un trabajo: un proyecto para una editorial potente y con condiciones justas. 

Por otro lado, me gustaría poder compaginar eso con la revista. Siempre se dice que dediques tiempo a tus trabajos personales, que es muy importante, pues en esas estamos. Mi proyecto personal es la revista. Quiero ver a dónde me lleva. Diversificar.

También hacer comunidad. Yo vivo en Elche y no conozco a ilustradores cerca. Pienso que esto puede ser también una buena oportunidad para encontrarme y conectar con “los de mi especie”.

Osea que no esto no va de salir a la palestra y hablar tu sola sino de que la gente se una y se forme una comunidad, ¿no?

Eso es. De hecho, estoy sorprendida con la cantidad de mensajes bonitos que me están llegando de otros compañeros, y eso que esto todavía no ha empezado.

¡Genial! Vamos a pasar a la parte final de la entrevista. Toca reflexionar un poco a ver si sacamos alguna lección que pueda servirle a otros ilustradores.  ¿Cuáles dirías que son tus mayores logros? Ese trabajo o esos trabajos de los que estás especialmente orgullosa, ese cambio de mentalidad o ese momento en el que te diste cuenta de algo importante para ti.

Pues estoy orgullosa de dar el paso de irme a Londres; de no quedarme parada, aunque eso a priori no tenga nada que ver con la ilustración. Estoy orgullosa de que nunca me he rendido y me he dedicado a estar en la cama sin hacer nada. Bueno, puntualmente sí, jajaja .Pero me refiero a largo plazo.

Me parece una gran suerte el conocer en ese momento a Laura y descubrir que quería ser ilustradora. Estoy orgullosa de lo en serio que me lo tomé.

Y también estoy muy orgullosa de La SuperChef.

¡Claro! Tu primer trabajo.

Siempre me pasa que los trabajos de los que estoy más orgullosa son La SuperChef y el último que he hecho.

Por ejemplo, mi último proyecto trata sobre las emociones. Son guías ilustradas de arte-terapia para ayudar a los niños a gestionar sus sentimientos. Me ha costado mucho porque lo he hecho siendo mamá y con unas fechas exageradamente ajustadas, pero el resultado me encanta. Además, es la primera serie de libros en la que trabajo.

También estoy orgullosa de todos los retos que estoy superando con este proyecto de la revista. Con Ilustra Woop, me estoy enfrentando a muchos (muchísimos) retos juntos, y algunos son realmente difíciles para mí, como hablar a cámara. Lo bueno es que me animo con cada pequeño logro y valoro más el esfuerzo que el resultado, sobre todo porque soy consciente de que muchas cosas son nuevas para mí. Confío, por estadística (y por experiencia), en que aquí hay margen de mejora. Me estoy dando tiempo.

Pues eso tiene mucho valor. Que estés tan orgullosa de tu último trabajo creo que refleja que cada vez lo haces mejor. Y luego, que tú misma valores tus pequeños logros, es que es el feedback perfecto. Un refuerzo positivo para seguir avanzando.

Toda mi carrera ha sido así; si no, no hubiera podido.

Tu lo sabes; me viene de familia. En casa somos muy “celebradores” y entusiastas.

A mi chico le hace gracia que yo viva con tanta intensidad cualquier logro, por pequeño que sea.

Hablemos ahora de la cara amarga de todo esto. ¿Cuál sería tu mayor o tus mayores fracasos? Y también, ¿cuáles serían las mayores lecciones que has sacado de ellos?

Para mí uno de los mayores fracasos fue el ponerme a estudiar oposiciones. Mientras me las preparaba lo único que hacía era venirme abajo. Por un lado no quería decepcionar a quienes me rodean, pero por otro lado, me era muy difícil cumplir como se esperaba. Eso era procrastinación y sentimiento de culpabilidad diarios. Pero bueno, ahora visto con perspectiva, me doy cuenta que también aprendi cosas, que gané algo.

¿Una experiencia?

Eso es. El fracaso quizá fue dedicar un año entero a algo que no me gustaba. La pérdida de tiempo que supuso. Pero, por otro lado, eso me hartó tanto, que fue lo que me llevó a irme de España; a seguir el camino que me ha traído hasta aquí.

¿No te arrepientes?

Bueno, recuerdo que asistí a un curso de Beatriz Blue. Me encanta esa chica, soy súper admiradora suya y conozco su historia. Creo recordar que ella siempre tuvo claro que su pasión era el dibujo, que por ahí iban los tiros. Nunca dejó de trabajar en ello. En ese momento, pensé: “¡Ala, que guay hubiera sido tener esa claridad siempre!”. Pero, por otro lado, también veo las cosas que he conseguido y, oye, de otra forma, pero al final también he superado algunas de mis expectativas.

Tú misma lo has dicho, hay muchas maneras de llegar al mismo punto. Es imposible copiar la vida de otro.

Claro, claro. Además, no sirve de mucho gastar tiempo lamentándote por lo que ya no se puede cambiar, aunque a veces cueste evitar el preguntarte si lo podrías haber hecho mejor.

Si, es muy típico del cerebro humano, pensar en lo malo. En el fondo es para analizar lo que has hecho mal y poder mejorarlo. El problema está cuando, en lugar de aprovecharlo para aprender, te lleva a hundirte.

Sí, para mí fue un descubrimiento saber que las emociones negativas tienen una función. Precisamente este año me di cuenta de lo útiles que pueden ser los enfados.

Desde que nació mi hija, me tomo las cosas de manera más personal. Por ejemplo, si algún cliente comete un error y me hace perder mucho tiempo, siempre pienso que es tiempo que me quita de estar con mi hija. Entonces me enfado mucho – muchísimo. Pero por la mañana, ese enfado se transforma en otra cosa. Estoy más tranquila, pero la energía que me da esa rabia me ayuda a enviar los correos necesarios para poner las cosas en su sitio, sin echarme atrás.

Claro, marcas tu posición, y dices, ¡por aquí no paso! Tu error no me va a quitar una semana de estar con mi hija. 

Exacto. Lo veo mucho más claro desde que ha nacido mi nena. 

Y ya para acabar, ¿un consejo o lección relevante que le dirías a algún ilustrador novel que quiera empezar? ¿Qué le dirías?

Pues ya lo he dicho, pero es que lo considero muy importante: que tengan en cuenta su desarrollo personal y valoren sus pequeños logros. Es algo que siempre escuchaba de los ilustradores veteranos y ahora entiendo por qué.

Además, es fundamental practicar mucho. Eso sí, cuando tengas bloqueos creativos, no seas duro contigo mismo. No más de la cuenta. A mí me ayudó pensar que eso era parte del proceso, lo que dije antes de “darme un tiempo”.

También es importante disfrutar del dibujo. Cuando la cosa se ponga demasiado seria y compleja, para y haz algo que te guste. Como cuando en Londres yo hacía dibujos cursis para mi chico, esos que me devolvieron las ganas de dibujar.

Estos son los consejos que me vienen a la mente ahora mismo: desarrollo personal, mucha práctica, aceptar los bloqueos y reservar tiempo para disfrutar dibujando lo que te guste. Seguro que luego se me ocurren más.

Pues con esto terminamos. ¡Yo creo que ha quedado genial!

¡Siiiii!, ¡Perfecto! Aquí lo dejamos. ¡Gracias!

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